Los frutos del mar
En la inmensidad del Pacífico, la vida se reduce a lo esencial: una barca, un remo y el sustento del día. Una mirada cenital a la cotidianidad de quienes habitan el mar de Acapulco, donde el tiempo parece detenerse entre el balanceo de las olas y el eco del agua.
Elegí esta imagen porque, más allá de la armonía cromática, representa una fractura invisible en la costa. Yo tomé la foto desde la comodidad de un barco turístico, pero la realidad del acapulqueño se vive en la lancha: en el sol directo y el esfuerzo físico. El verdadero motor de la vida local. Es un recordatorio de que el paraíso de unos es, ante todo, el lugar de trabajo y resistencia de otros. Esta dualidad cuestiona nuestra mirada como visitantes y pone el foco en el oficio diario que sostiene la identidad del puerto.
La fotografía es una invitación a mirar de frente a quienes habitan el mar no como un escape, sino como su única y constante realidad.
Foto: Neth Ortega (México)