El 12 de julio de 1942, el fotógrafo soviético Max Alpert levantó su cámara y capturó un instante que terminaría sobreviviendo al hombre que aparece en él.
La escena ocurrió cerca de la aldea de Khorosheye, en la región de Voroshilovgrad —actual Luhansk, Ucrania—, mientras el Ejército Rojo combatía contra el avance alemán.
El hombre que domina la fotografía levanta una pistola y parece gritar mientras impulsa a los soldados que permanecen detrás de él a avanzar.
Durante años fue conocido simplemente como “Kombat”, palabra soviética utilizada para referirse a un comandante de batallón. Alpert desconocía quién era aquel hombre y creyó inicialmente que ese era su rango.
La historia de la fotografía se volvió todavía más impresionante por lo ocurrido inmediatamente después.
Según el relato de Alpert, en medio del intenso combate su cámara resultó dañada. Mientras intentaba comprobar qué había ocurrido, escuchó a los soldados gritar que el “Kombat había muerto”.
La película, sin embargo, había sobrevivido. Y con ella quedó congelado aquel segundo anterior a la tragedia.
Durante más de dos décadas nadie pudo identificar con certeza al protagonista. Eso cambió en 1965, cuando familiares reconocieron en aquella famosa imagen a Alexéi Yeremenko, comisario político del Ejército Rojo.
Yeremenko servía en el 220.º Regimiento de Fusileros de la 4.ª División de Fusileros. La identificación fue posteriormente aceptada ampliamente, aunque algunos detalles exactos sobre las circunstancias de la fotografía han sido discutidos por historiadores.
Lo que sí permaneció fue la fuerza de la imagen. El cuerpo inclinado hacia adelante, el brazo extendido y los soldados agazapados detrás hicieron de ella una de las fotografías soviéticas más reproducidas de la Segunda Guerra Mundial.
Alpert creyó por un momento que quizá había perdido aquella fotografía. En realidad, había conservado para siempre uno de los últimos instantes de un hombre que, según el relato asociado a la imagen, murió durante aquel mismo combate.